Dr. JUAN CARLOS FRANCO
(Q.E.P.D.)
Falleció el Dr. Juan Carlos Franco en North Caroline, Estados Unidos de América, donde residía desde hace más de 30 años, de una afección cardiaca. Fue el Dr. Franco, Franquito, como le llamaban sus amigos y estudiantes más cercanos, docente en la cátedra de Patología de la Facultad de Ciencias Médicas en las décadas del 60 y 70. Perteneciente a una familia de médicos y políticos de Fernando de la Mora. El Dr. Franco fue un patólogo general de primera, sin haber salido del país, y un biólogo extraordinario. Además, tenía una característica muy inusual para ese tiempo y aun para el actual, que era la de reflexionar filosóficamente sobre las disciplinas médicas. Su interés iba más allá del conocimiento disciplinar, en el que fue un experto, hacía los límites del conocimiento biológico del momento, sobre todo relacionado con la genética y la evolución. Sus conocimientos de filosofía era vastos así como profundas sus reflexiones sobre la biología, anticipando un campo que luego aparecería con el nombre de Filosofía de la Biología, pudiendo haber sido su inventor. Creemos que fue el primer nefropatólogo, autodidacta por supuesto, pues él aceptada las áreas, por más complejas que fuesen, donde sus otros colegas no mostraban interés y había una necesidad médica para pacientes pobres del hospital. Probablemente tan importante como sus vastos conocimientos, fue su rol de mentor de jóvenes, que en su imagen y modelo se animaron a incursionar en el temido dominio de la patología. Todo lo anterior en la figura de este profesor de intelecto brillante se opaca ante la cualidad más resaltante de su personalidad, que era la humildad. Fue tan humilde y bondadoso que hacia un propósito el ocultar sus cualidades, que al menor elogio se sonrojaba e incomodaba. Así llevó su vida de una honestidad impecable y de sacrificios personales. Probablemente el mayor fue el deber abandonar su querido Paraguay, al que era tan afecto, para encontrar un ambiente médico y científico más propicio, no para él, todo lo contrario, sino para sus hijos, que se encontraban aquejados de una rara enfermedad genética familiar y requerían de una atención especial ni soñada en el Paraguay. Mediante este gesto, logró que 2 de sus hijos, casi sin visión, se graduaran de médicos en las mejores universidades norteamericanas con las calificaciones más altas, dignos hijos de su padre. Y modestamente, siendo un eximio profesor, reinició la carrera de patología desde el primer año de residencia. Muy pronto, sin embargo, resaltó su valor y alcanzó la jefatura de un departamento hospitalario de renombre donde permaneció hasta su retiro. El Paraguay ha perdido una de sus mentes más claras. Su legado, en los años que estuvo en el país, fue enorme, el más valioso creemos en la Sociedad que fue su propio modelo de vida, difícil de alcanzar. Todos los miembros de la Sociedad, viejos y jóvenes, enviamos a sus familiares nuestros más sentidos pésames.
SOCIEDAD PARAGUAYA DE PATOLOGÍA Y CITOLOGÍA.
SOPAPACIT