RUMILDA CENTURIÓN (Q.E.P.D.) Al cumplirse un año de su partida, es inevitable este sentimiento de tristeza en el alma por la partida de nuestra madre, es algo físico que domina todas nuestras fuerzas. Pero es una tristeza extraña, en la que se mezclan en el corazón sentimientos de gratitud, recuerdos interminables, orgullo de ser sus hijos pero, sobre todo, la certeza de saber que se encuentra en los brazos del Padre como corolario de una vida dedicada a amar a toda su familia y a todos los que tuvieron la suerte de disfrutar siempre de su sana amistad y de su hospitalidad. El día en que brilló la estrella de Belén anunciando el nacimiento del niño Jesús, en esa misma fecha brillará otra también para nosotros con la misma intensidad, porque llevó a la estrella de nuestra familia para que desde allí nos ilumine eternamente. Gracias, Señor, por nuestros queridos amigos y familiares que nos acompañaron en un momento muy difícil. Gracias, Señor, por la vida de mamá, gracias por sus huellas, que trataremos de seguir como un homenaje a su memoria. Sus HIJOS, HIJAS, NIETOS y NIETAS.