FABRIZIO BISSO RIQUELME Fabricito, pedacito de mi alma y de mi cuerpo, ¿qué más puedo decirte hoy que no te diga todos los días? ¿Cómo puedo agradecerte por ser la luz de mi camino? Vos sabés, Angel mío, que he vivido cosas muy tristes y dolorosas en estos últimos años, y ¿cómo haría yo para soportar todo esto si no estabas vos para calmar mi dolor? ¿Cómo pagarte este inmenso cariño que me entibia el alma? Pero mi gran consuelo es que vos vas a estar siempre ahí, que ya nunca más vas a dejarme, que nada puede ser tan grave mientras vos estés. Ni la muerte de tu abuela Nelly ni la de tu tía Yula, ni mi enfermedad ni la muerte de tu Yeyé. Porque ellos murieron para mí, pero nacieron para vos y juntas, estas personas que tanto amé en mi vida, me esperan para estar juntos por toda la eternidad. Mi único homenaje, Angel mío, son estas lágrimas que se deslizan en mis mejillas, no, no lo detengas, por favor, dejame que llore por vos una vez más, después tendremos tanto tiempo para abrazarnos como tanto lo soñé. Tu Mami.