Servicios Fúnebres

Domingo 06.10.2013José David Orrego Aquino
  • ***FOTO*** Mi José David (Polo), ¡mi hijo divino! No sólo naciste de mi vientre; al llegar a este mundo llevaste contigo un pedazo de mi alma y mi corazón, que me los regeneraste durante tu vida, paso a paso, con cada sonrisa que me regalaste, con tu inmensa bondad, tu espíritu solitario y el gran amor que me brindaste. Desde siempre fuiste mi compañero, mi amigo, mi consuelo. Pasamos alegrías y tristezas, siempre ''juntos''. Nunca voy a olvidar tus noches de desvelo a mi lado, ayudando entre máquinas de coser y tijeras, siempre te preocupaste de mí y del bienestar de los tuyos. Asumiste desde pequeño ser el pilar de la familia y lo has sido durante toda tu vida. Pese a la distancia de tu lugar de trabajo, supiste mantener nuestra relación cercana, siempre y renovada. El amor que sentían entre tus hermanos fue único e irrepetible, yo siempre les decía la frase de Martín Fierro ''Sean unidos los hermanos, pues esa es la ley primera, pues si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera'', y lo cumpliste a rajatabla, mi hijo querido. Papi, Luz Marina y Luz Mirtha están orgullosos de vos y te amarán hasta la eternidad. Hasta cuando formaste tu propia familia te ocupaste de que yo encontrara en tu esposa a otra hija y en darme la alegría de disfrutar de tus tres princesas. Yo siempre feliz con eso, la esencia de mi vida es ver feliz a mis hijos, nunca pedí más al Todopoderoso. Te agradezco todos los momentos de felicidad que me regalaste, la satisfacción de ser tu mamá, el orgullo de saber que mi hijo fue siempre un ejemplo de ser humano. Tanto te amaba que, cuando vos tartamudeabas, yo era capaz de hablar en vez de vos, y hoy ya no puedo hacerlo. ''Yo era capaz de matar por vos, para defenderte de todos aquellos que pretendieron hacerte daño, pero tu bondad fue más grande y me enseñaste que el perdón fue tu insignia, me enseñaste que el rencor sólo consume al que lo siente''. Te agradezco especialmente por los tres últimos años de tu vida, en que pudiste disfrutar más de cerca conmigo y tus hermanos, como anticipándonos una prolongada despedida. Hoy, con tu partida, se me desgarra el alma y busco recoger los pedazos que quedan de mí para escribirte estas líneas, y solo puedo notar que nadie creó aún palabras que puedan expresar el dolor de una madre que debe despedir a un hijo. La naturaleza no nos prepara para este terrible momento porque la lógica natural dice que vos debías despedirme y nunca a la inversa. Pero no sabía que te ibas a llevar a mi querido y amado nieto Giuliano, que era el hijo varón que no tuviste, que era tu otro yo, tu sobrino amado, compartían la misma pasión, el amor al campo y hasta al deporte. Cómo recuperarme de esta doble pérdida que multiplica mi dolor, que deshace en mil pedazos las fibras más íntimas de mi corazón. Me consuela saber que vos no me abandonás porque nunca lo hubieras hecho. Estoy segura de que como siempre te ocupaste de mí y hoy sólo te anticipaste para prepararme un lugar a tu lado en el cielo. Allí donde con trompetas y coro de ángeles el Señor habrá recibido a su hijo dilecto que hoy es mi ángel del cielo. Confío en que algún día nos encontraremos para gozar de tu bondad y tu sonrisa, en ese lugar donde todo es alegría. Por eso, mi hijo adorado, al tiempo de repetirte una y otra vez lo mucho que te amo, no me despido de vos, solo te doy un ansiado ''hasta pronto''. Tu mamá que te adora, Tinola.