Dr. ANSELMO RAUL GILL DEL VALLE Nunca voy a entender ni aceptar que no estás más, mi papito, mi protector, mi guía, mi compañero de toda la Vida. El único. Te extraño tanto, papá, amigo; mis domingos nunca volverán a ser los mismos; me levantaba solo para ir a hacerte compañía, algunas veces sin ganas, pero todo se compensaba con la alegría que demostrabas al verme llegar y cumplir nuestro ritual; sentarnos en la vereda compartiendo el tereré y las bromas, con tu buen humor y tu afecto a manos llenas... siempre, tomados de la mano, esas manos que hoy me soltaron, me dejaron sola, sin rumbo, temerosa, pero a la vez con la convicción de no entregarme como no lo hiciste vos, nunca. Papito: Recuerdo todos los días los momentos que pasamos, lo que hiciste por mí y mis hijos, no voy a terminar de agradecerte jamás; quizás yo no hice lo mismo. Quedan grabadas en mis oídos por siempre las últimas palabras que me dijiste en ese viaje: "No vamos a llegar, Blanky", y me siento culpable de no cumplir mi promesa: "Voy a traerte de vuelta a casa". Dios no lo quiso. Te pido perdón por eso. Te amo con todas mis fuerzas, papito. A dos años de tu partida al cielo, te digo que mi único y gran orgullo es "Ser la hija del Dr. Gill". Blanky.